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La última visita que hice a la PGR , para ser preciso el martes pasado me ha mantenido en reflexión sobre la profesión que desde que tenía siete años supe que adoptaría: el periodismo.
Así es mis queridos boes, antes de seguir una disculpa por ser su servidor el protagonista de mi colaboración de hoy, prometo que no volverá a ocurrir, al menos eso intentaré.
Recordé, decía, una anécdota con la que nuestros maestros trataban de impresionarnos durante nuestros primeros años de estudio en periodismo, mentira o verdad de nuestros mentores, nos contaban que en la antigua Grecia los gobernantes y hombres poderosos, según fuera el caso, acostumbraban a dar muerte a los portadores de malas noticias.
Seguramente en aquellos tiempos no había tantos periodistas como hoy, ayer conté como 200 en un festejo alusivo a la profesión, no había tantos porque los mataban, pero además porque nuestros predecesores no tenían las facilidades que hoy tenemos, no contaban con la confortable "laptop" de diseño ergonómico como en la que un servidor escribe, para luego mandar por e mail su colaboración.
Aquellos pobres periodistas tenían que correr kilómetros y kilómetros, bajo cualquier condición climática, sin tenis Nike, más bien lo hacían casi descalzos.
Cuando llegaban con la noticia, exhaustos, sudando, empapados o helados, si el gobernante juzgaba que la noticia que traían era buena, podían seguir su camino, en caso contrario, eran asesinados en el acto.
No se que tan cierto sea el relato de mis maestros, pero si estoy seguro de lo mucho que han cambiado las condiciones para informar, hoy se suda poco para conseguir llevar la noticia a los auditorios y son pocos los casos en los que los gobernantes o los poderosos deciden “matar al mensajero”.
Mi reflexión cae como anillo al dedo, no solo porque ayer se celebró el día del periodista, sino como les decía por la visita que hice a las oficinas de la PGR en Victoria.
En esta ocasión no fui en busca de noticias, sino obligado por una orden ministerial para declarar, en calidad de acusado, por el delito de intervención telefónica, vulgo espionaje.
Me acusó Juan García Guerrero, el panista que desde principios de esta semana inició su precampaña en busca de la candidatura para la alcaldía de Victoria.
García Guerrero basó su denuncia en mi contra, y contra quienes resulten responsables, en tres publicaciones periodísticas que bajo mi firma se publicaron el año pasado, en el marco de la guerra intestina que libraron los blanquiazules y que dejó como saldo a Felipe Calderón como candidato y luego como Presidente de la República tras haber pasado sobre Santiago Creel.
En tres ocasiones, dos en esta misma columna y una mas en una nota informativa, hice referencia a versiones estenográficas de presuntas llamadas telefónicas entre García Guerrero y otros panistas conspirando contra sus propios compañeros, específicamente contra el Alcalde de Reynosa Francisco Javier García Cabeza de Vaca.
Cumpliendo con las reglas más elementales del periodismo, aclaré que se trataba de presuntas transcripciones de llamadas telefónicas, mismas que en conferencia de prensa el propio García Guerrero confirmó o al menos no desmintió.
En represalia García Guerrero decidió denunciar a un servidor por la intervención telefónica de que fue objeto, por lo que el martes fui requerido por el Ministerio Público Federal.
Se equivocó Juan García Guerrero, el periodista solo fue el mensajero de la mala noticia para él, se equivocó porque los tiempos de matar al mensajero quedaron atrás, en la antigua Grecia.
El mismo, en la denuncia aseguró que días antes de que se difundieran las presuntas grabaciones, el líder estatal del PAN Alejandro Sáenz Garza lo había amenazado con hacerlas públicas, he de aclarar que no fue el Presidente albiazul el que me hizo llegar la información.
Hoy enfrento un proceso en la PGR, porque García Guerrero, emulando a los monarcas griegos prefirió intentar matar al mensajero, tal vez por temor a los que originaron el mensaje, no tengo la menor duda de que salvaré el problema, pero me queda claro que mi acusador con esa capacidad para culpar a otros de sus problemas no sería el mejor Alcalde para Victoria, es más ni siquiera el mejor candidato del PAN para ese cargo.