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Tony Mendoza se fracturó las costillas y se magulló la nariz al caerse por unas escaleras al sufrir un ataque epiléptico.
Sydney Pershing frecuentemente lloraba en su habitación debido a la depresión que le provocaba la epilepsia, un mal neurológico caracterizado por fuertes convulsiones, de causa generalmente desconocida.
Los ataques ocurrieron antes que Mendoza, de 40 años, y Pershing, de 30, hubieran oído hablar de la terapia de Estimulación del Nervio Vago (VNS), en la que un dispositivo implantado quirúrgicamente envía pulsaciones eléctricas débiles al cerebro para evitar las irregularidades eléctricas que provocan las convulsiones.
La terapia, que cuesta unos $25,000 y está cubierta por la mayoría de las compañías de seguro y por Medicare, se usa junto con medicamentos. La Dirección de Alimentos y Medicamentos (FDA) la aprobó en 1997 para la epilepsia que no pueda controlarse con anticonvulsivos, que afectan a alrededor del 30 por ciento de los 2.7 millones de epilépticos en Estados Unidos.
Al comprobar el éxito en el tratamiento a los pacientes epilépticos, el fabricante del dispositivo, Cyberonics, solicitó a la FDA que ampliara su uso para cubrir las formas más agudas de depresión.
La FDA lo aprobó en el 2005, pero la decisión ha sido controversial. Inicialmente, la entidad pasó por encima de la decisión de su panel asesor y retuvo la aprobación, tras revisar estudios y peticiones que cuestionaban si el dispositivo era efectivo para la depresión. Medicare y la mayoría de las compañías de seguros no lo cubren porque lo consideran un tratamiento experimental para la depresión.
Karen Riley, de la FDA, expresó el viernes en un mensaje electrónico que el dispositivo "está dirigido a personas con depresión crónica o recurrente que pasan por un episodio de depresión severa y no han tenido una respuesta adecuada a cuatro o más tratamientos antidepresivos. La FDA revisó la información y ha decidido ofrecer una alternativa para este pequeño grupo de pacientes''.
A pesar de las dudas de algunos, médicos y pacientes dicen que la estimulación eléctrica del cerebro parecen funcionar en los casos de epilepsia.
La operación dura un par de horas. El generador de pulsaciones, pequeño y que funciona con baterías se implanta en el pecho y los electrodos se colocan en el cuello alrededor del nervio vago, que se origina en el bulbo raquídeo, dijo el Dr. José González, director médico de la Fundación de la Florida para la Epilepsia.
"Es como un marcapasos'', dice el Dr. Eugene Ramsay, profesor de Neurología y Siquiatría de la Facultad Miller de Medicina de la Universidad de Miami. "Activa el nervio vago en el cuello y envía señales al bulbo raquídeo''.
Unas dos semanas después de la operación, el neurólogo programa el dispositivo para estimular el nervio a intervalos regulares. Al momento del ataque epiléptico se produce una perturbación eléctrica en algunas neuronas del cerebro. "El VNS contrarresta esta perturbación y elimina la posibilidad del ataque'', acotó González.
Mendoza, vecino de Hialeah, demoró unos nueve meses en controlar sus ataques, que tenían una frecuencia de tres diarios y se debieron a un golpe en la cabeza con una pelota cuando tenía 10 años. "No me permitían practicar deportes porque me daban ataques'', cuenta. "En la escuela nadie me respetaba... Fue terrible porque no pude ir al baile de graduación. Eso me dolió mucho. No podía aspirar al Ejército, a la policía. Estudié en la universidad pero no me fue bien''.
"Cuando estudiaba en el recinto Miami Dade North me dio un ataque y me caí del segundo piso rodando por la escalera. Cuando recuperé el conocimiento me di cuenta que me había fracturado varias costillas y tenía la nariz rota''.
En 1997 Mendoza se sometió a una operación del cerebro que le redujo los ataques en 70 por ciento. Aunque nunca llegaron al nivel más severo, que provoca pérdida del conocimiento y violentas contracciones musculares, Mendoza tenía que verse con el Dr. Ramsay cada tres meses. Ramsay le recomendó la terapia VNS y en 1999 le implantaron el aparato.
Después de eso "me siguieron dando algunos ataques durante ocho o nueve meses'', dijo. "Desde entonces he tenido sólo cinco ataques en nueve años. Ha sido una bendición''.
Mendoza se atiende con el Dr. Ramsay con menos frecuencia, una o dos veces al año, y en diciembre pasado estableció un negocio de viajes, Tony2Travel Inc. "Me voy a México en julio. En el futuro, quiero practicar paracaidismo, buceo, disfrutar de vida''.
Entre los efectos secundarios de la terapia VNS está un cambio en la voz cuando se activa el generador de pulso, tos, dificultad para respirar y la posibilidad de que la zona del implante se infecte. A diferencia de ciertos medicamentos contra la epilepsia, el aparato no representa peligro alguno para el corazón, el hígado o los riñones, según el Dr. Ramsay, uno de los primeros investigadores clínicos de la terapia VNS.
El equipo se usa en pacientes de 12 años o más, pero un estudio publicado en la edición del 30 de abril de Neurosurgical Review concluye que pudiera brindar alivio a niños pequeños con epilepsia severa y problemas de desarrollo. En cuanto a la depresión, otro estudio publicado en la edición del 27 de marzo del Journal of Affective Disorders indica que a pesar de los resultados prometedores, es necesario realizar más estudios clínicos.
Pershing, vecina de Coral Springs, está convencida de que la terapia VNS la ha beneficiado tanto con la depresión como los ataques epilépticos.
"Yo estaba terriblemente deprimida. Lloraba mucho y subí de peso, pero he hecho un giro de 180 grados'', afirma.
A Pershing, que es asistente médica, le diagnosticaron epilepsia a los 13 años. "Al principio solamente tuve un ataque severo, pero luego se hicieron frecuentes, cuatro o cinco al mes'', cuenta. "Los ataques duraban de cinco a diez minutos y podían ocurrir prácticamente en cualquier momento''.
Ahora Pershing sólo sufre un ataque cada varios meses y le duran de dos a tres minutos. ‘‘Cuando me siento estresada o irritada me dan ataques, así que trato de no estresarme'', dice.
Pershing no se separa de un imán VNS. El equipo de mano se pasa sobre el implante para detener un ataque, acortar su duración o disminuir la intensidad. "A veces me dan ataques parciales complejos, durante los cuales uno simplemente me quedo mirando al vacío''. Se recupera en cuanto pasa el imán sobre el estimulador.
"Todos mis amigos y familiares saben que tengo el implante'', dice. "Si a uno le da un ataque en medio de la calle y nadie lo sabe, la gente llama al 911. No hace falta ir al hospital cada vez que me un ataque''.