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Jóvenes acuden a clínicas privadas ubicadas en zonas como Lomas de Chapultepec, Pedregal y San Jerónimo, donde luego de practicarles gratuitamente análisis médicos se someten a un proceso que, al concluir, reciben dinero.
Clínicas privadas en el Distrito Federal ofrecen “gratificaciones” de entre 8 mil y 12 mil pesos a las mujeres que acudan a “donar” uno de sus óvulos que serán utilizados en otras pacientes con fines reproductivos.
Cada día, en promedio, 20 jóvenes de entre 18 y 35 años de edad, llegan a los bancos de óvulos de la Ciudad de México para “donar” uno, pero no lo hacen gratis.
Berenice, de 28 años, tez blanca y cabello oscuro es una de las “donadoras”. Admite que no lo hace por altruismo; tiene la posibilidad de recibir “una compensación por las molestias ocasionadas”.
“Porque me picoteen un brazo y me hagan perder la mañana bien vale la pena; además, así completo para la tenencia del coche”. Tiene una sonrisa en el rostro y hace un ademán con el dedo índice que se lleva a los labios pidiendo discreción.
El personal de este tipo de clínicas ubicadas en zonas como Lomas de Chapultepec, Pedregal y San Jerónimo asegura que el proceso es altruista y no se obliga a nadie a realizarlo.
Para quien pretende donar sus óvulos, los informes primero se dan vía telefónica. El sistema es convincente: si quieres ser una donadora, sólo acudes a una revisión de rutina y se determina si eres candidata. Recibirás gratis un paquete de exámenes de laboratorio, que dirán si estás sana, promueve la recepcionista por teléfono.
Después te comunica con un médico que ampliará la información, “todo es personal, el trato es focalizado para ti”, afirma.
El médico, que varía en cada intento por obtener informes, trata de convencer y argumenta que no hay un compromiso adquirido al acudir a una sesión de informes:
“Es un procedimiento que te beneficia, todos los exámenes son sin ningún costo, evidentemente tenemos que saber que estás sana. Que todo funciona bien, pero obtienes todos esos exámenes y no tienes que desembolsar nada. Es más, podemos hablar de beneficios extra cuando acudas a despejar tus dudas”, explicó.
Al llegar a la sala de espera se recibe una hoja para anotar todos los datos y un listado de análisis que se realizan para determinar el estado de salud de la donante.
Van desde pruebas para enfermedades de transmisión sexual: como sida, hepatitis B y C, clamidia, herpes, citomegalovirus, toxoplasma, rubéola y sífilis.
También se requiere determinar que se tenga una función ovulatoria normal, se hacen exámenes psicológicos para valorar la salud mental y se investiga la historia de fertilidad previa y una adecuada respuesta al tratamiento de estimulación ovárica.
Las enfermeras aseguran que en cualquier laboratorio comercial todos estos estudios podrían costar ente 450 y 700 pesos, pero aquí son gratis, sólo con el fin de saber si la mujer donante está sana.
La voz del médico es amable, tranquila. Toma la cita a la que se tiene que acudir puntual.
Días después, durante la consulta explica: “No te pasa nada si donas un óvulo, es como donar sangre. No significa agotar la reserva de óvulos”.
Al llegar a la clínica revisan el peso, estatura y complexión. Una mujer toma datos del color de ojos, cabello, tono de la piel y otros generales: edad, nombre y dirección. Todo confidencial.
En la sala de espera de uno de estos sitios ubicado en avenida de Las Palmas y uno más a espaldas del Auditorio Nacional, las donantes aguardan como si fueran a participar en un concurso de belleza, se arreglan el peinado y el maquillaje, y es que a veces la paga se incrementa por la buena imagen que tienen.
“Pero nunca hemos podido comprobarlo”, desliza Lucía, una de las donadoras.
Antes de entrar al consultorio del médico, se produce una plática informal. La pregunta obligada: ¿es tu primera vez?
Sí, para la mayoría de las donantes, pero existen otros casos en que han acudido a donar más de una vez. Hay quienes se reconocen y se saludan. Confiesan haber estado en otra clínica siguiendo el mismo procedimiento. El motivo de ir varias veces siempre es el estímulo que se otorga al final.
“Sinceramente completo la quincena, es una entrada extra y de paso hago revisiones de mi estado de salud de vez en cuando. Es algo que llego a hacer como dos veces al año. Tampoco es algo que pueda hacer todos los días”, platica Berenice.
Le han pagado entre 9 y 10 mil pesos cada “donación”, hasta ahora no ha repetido el proceso en la clínica.
No todas pretenden “regalar” sus óvulos, también se confunden con quienes acuden a los centros de fertilidad para tratamientos que las ayuden a embarazarse.
Las pláticas se mezclan y se intercambian comentarios de tratamientos de hormonas de estimulación ovárica, inyecciones anticonceptivas y hasta consejos herbales para quedar embarazada.
“Un consejo para cuando termina tu tratamiento: no comas picante y procura poner compresas calientes en tu vientre, así los cólicos no son tan molestos”, recomienda Lorena, una mujer morena de ojos verdes que asegura ha donado al menos tres veces.
Los pasos para adquirir un óvulo con fines de concebir un hijo es similar al del banco de esperma: se fijan las características de la persona, el color de piel, la estatura y se busca un padrón similar en el banco de óvulos.
Para la donación se debe firmar un contrato de conformidad, en el que se especifica que el proceso se hace de manera voluntaria y no especifica la gratificación monetaria entregada al final del tratamiento.
La función principal de estos centros son tratamientos de fertilidad, la mayoría para mujeres con dificultades de ovulación, menopausia precoz o a quienes les extirparon los ovarios por cáncer, quistes u otras variantes.
El tratamiento de donación es posible con la administración de hormonas. El médico aseguró: “Son iguales a las que controlan el ciclo natural menstrual. La diferencia es que aquí no se pierden todos los óvulos que normalmente se pierden en un ciclo no controlado, en uno donde sin medicación comenzarían el crecimiento pero se perderían si no los hubiéramos estimulado”.
Garantiza que el tratamiento, si se hace de manera controlada y bajo supervisión médica, no implica riesgo para la paciente.
Cuando las mujeres terminan este proceso, el producto de sus donaciones queda bajo resguardo del personal médico. Así se inicia otra etapa ajena a ellas: la fertilidad en otras mujeres.