Author
Maremágnum Mario Vargas Suárez

Date
16 Jul 2019(16:11:24)


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Soy de los que opinan que la educación superior debe seguir intentando vincularse a las exigencias sociales y facilitar el desarrollo humano en sus muy diversas formas, desde el engrandecimiento de la cultura, hasta la diversión y el esparcimiento.
Las carreras universitarias consideradas tradicionales, siguen atrayendo a la juventud como un imán, por lo que las ingenierías diversas, la arquitectura, medicina, derecho, docencia, contaduría, etc., se ven abarrotadas o por lo menos son las de mayor demanda.
La educación básica, hace décadas contempló en la secundaria y el bachillerato, la orientación vocacional como curso para que los estudiantes descubrieran su propia vocación y con ello enfocar un perfil profesional acorde a sus habilidades estudiantiles.
Lamentablemente este tipo de orientación no fue suficiente y lejos de buscar alternativas, las autoridades educativas de entonces, no fueron capaz de mejorar los programas y optaron mejor por eliminar la Orientación Vocacional del Plan de Estudios.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas contó con un área de esa naturaleza, atendida por psicólogos que con estudios diagnósticos podían evaluar las habilidades de un bachiller y recomendar las carreras afines a la personalidad del futuro universitario.
La vinculación de la educación superior con las necesidades sociales ha permitido en algunos casos acertar en sus estudios y solucionar problemas que afectan a comunidades específicas, como el del sargazo, en varios kilómetros de las Costas del Mar Caribe.
Investigadoras de la UNAM aseguran que es una macro-alga y es un ecosistema en mar abierto que “no daña y es refugio para tortugas, el pez dorado, el volador y otro endémico conocido como pez sargazo”.
La revista QuintoPoder.com, publicó hace unos días que los altos niveles de sargazo se han convertido en problema para las playas del Caribe mexicano, provocando la muerte de especies marinas y mal olor del alga, lo que ha terminado de afectar al turismo y por ende a la economía de la región.
La genialidad de algunos mexicanos es que han usado el sargazo para desarrollar inventos que favorecen a la comunidad, como Omar Vázquez Sánchez quien usa sargazo para fabricar ladrillos y con ellos construyó varias casas de interés social, lo que importó a las ONG´s, gobiernos y empresarios.
La industria guanajuatense Renovare, de Jorge Castro Ramos, lanzó un modelo de tenis hecho con sargazo y botellas de plástico; De 18 años de edad, Victoria Morfin y el Grupo Regio, crearon la empresa Sarganico, para fabricar libretas y van por folders, portavasos y porta-menús de sargazo.
La misma fuente de información, QuintoPoder.com, dice que Maestros y estudiantes del Instituto Tecnológico de Felipe Carrillo Puerto, en Yucatán, tienen dos proyectos para producir biogas y biodiesel a base de sargazo. El ‘pero’, dinero, para continuar con el proyecto.
La empresa Salgax, fue creada por la bióloga marina Guadalupe Dayré Catzín quien comercializa abono para jardines y el campo, hecho de sargazo. Dentro de los planes está lanzar cosméticos y protectores solares. Un detalle, necesitan dinero.
Otro mexicano, Andrés Muñoz López, ideó un calentador de agua hecho con bioplástico del polipropileno y sargazo, que funciona con energía solar. La empresa EnerGryn, Muñoz López también comercializa vasos, platos y otros productos que sustituyan a los desechables, pues en Quintana Roo hay una ley que prohíbe usar esos productos en los hoteles.
¿Se puede?
¡Claro que se puede!

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