Author
Por La Espiral Claudia Luna Palencia

Date
14 Jul 2020(19:17:58)


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Mientras Europa permanecía silenciosa, mirando a un lado y al otro, reconociendo sus heridas y haciendo un primer recuento de daños por el golpe de la primera ola del coronavirus, Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, adelantaba un fondo cuantioso de reconstrucción para las 27 naciones de la UE… la única condición para acceder a él es implementar una estrategia basada en políticas que favorezcan la reconversión verde.

La pandemia no es una pinza diferente a la del cambio climático y las demandas de mitigar el cambio climático reduciendo las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera.

Pero también al agua de los ríos, lagos, mares y océanos porque el ecosistema es una cadena de eslabones perfectamente interconectados entre sí: y eso implica que, si uno se rompe o se altera, los demás también experimentan una metamorfosis.

Hay seres vivos que dependen unos de otros, el ser humano está en la punta de esa interrelación biológica, en su vulnerabilidad vital le afecta el cambio climático que hace las condiciones más adversas para su supervivencia y si el medioambiente se altera surgen igualmente nuevos patógenos.

El ser humano es endeble a un tsunami, a un terremoto, a un huracán, a un tornado o a un virus que, de repente, emerge de la nada para trastocar los planes de vida cotidiana de las personas.

En opinión de Gonzalo Delacámara, director académico del Foro de la Economía del Agua, la crisis actual del Covid-19 ha puesto de manifiesto las debilidades en la investigación en epidemiología o en salud pública.

Y sobre todo “la debilidad” de los puentes y del diálogo entre la comunidad científica y los decisores políticos; así como entre quienes producen información a fin de canalizarla a los ciudadanos.

Para Delacámara está dejación es igualmente palpable en cuanto a la gestión de los recursos hídricos y la adaptación al cambio climático; y encima prevalecen bajos presupuestos para indagar cómo le afecta a ríos, lagos, mares y océanos el efecto del CO2.

Lo del coronavirus no ha hecho más que evidenciar (yo añadiría agudizar) los agujeros presupuestales persistentes a lo largo de décadas de tener países con prioridades en defensa más que en salud pública y hasta obviando reconvertir el modelo de desarrollo actual en otro que sea amigable con el ambiente lo que es lo mismo ser amigable con la salud y la vida de los seres humanos.

¿Y si en lugar de una pandemia emergente por un patógeno desconocido tuviésemos un magno desastre natural que afectase a cientos de miles de personas? ¿Qué pasaría si miles de personas cayesen muertas en las calles de las ciudades asfixiadas por no poder respirar el aire alterado con elevados componentes químicos? ¿Cuál sería el protocolo? ¿Estamos preparados para una desgracia así? Y encima no es improbable que acontezca un cisma en este siglo: los científicos vienen alertando de la subida de la temperatura y el incremento del nivel del mar que, echado tierra adentro, terminaría deglutiendo a decenas de islas y muchas otras costas.

A COLACIÓN

En España, en el XII Foro de la Economía del Agua, los expertos participantes concluyeron que “la crisis del coronavirus ha evidenciado la vulnerabilidad del sistema” para responder a desafíos globales.

Desde mi punto de vista ha evidenciado que los organismos internacionales nacientes de la finalización de la Segunda Guerra Mundial están rebasados por una realidad lacerante, con sociedades con multitud de problemas, a veces carentes de mecanismos eficientes para atender eficazmente a las necesidades de la población.

De hecho, ineficaces para responder no solo a una pandemia, lo mismo a una gran crisis económica global o que al cambio climático y a sus funestas consecuencias.

El coronavirus, convertido en emergencia sanitaria mundial, está dejándonos grandes lecciones no solo en lo personal, en lo familiar y en lo social; somos testigos rotos de la incapacidad de acción, gestión y de retraso con que actúan los respectivos gobiernos… a cual más inepto.

Sin embargo, de esta devastación, en la que habrá vencedores y vencidos como si fuese una guerra ante un enemigo invisible estoy convencida de que habrá países que le han visto las orejas al lobo; en la UE, Úrsula von der Leyen, se las ha visto y ha dicho este es el momento para presionar a los países del club europeo para que entiendan porque es menester tener un predomino de energías limpias, de coches eléctricos, de industrias con emisiones cero; de avenidas llenas de bicicletas y de transporte público. El coronavirus que nos ha traído sufrimiento será un revulsivo para acelerar una economía verde… y es que, es eso, o la vida.
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